image

Lovecraft: La redenciónde los monstruos

Por José Fabio Esquivel Jiménez

De mal imitador de Poe y escritor de kiosco, Lovecraft pasó a ser considerado un clásico del siglo XX.  Su entrada a la gran literatura es precedida por el éxito popular, y su intuición de los aspectos más oscuros de una época que retrató con clarividencia y anticipación.

Al Oeste de Arkham, las colinas se yerguen selváticas, y hay valles con profundos bosques en los cuales no ha resonado nunca el ruido de un hacha. Hay angostas y oscuras cañadas donde los árboles se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos arroyuelos que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de la Nueva Inglaterra; pero todas ellas están ahora vacías, con las amplias chimeneas desmoronándose y las paredes pandeándose debajo de los techos a la holandesa.
Sus antiguos moradores se marcharon, y a los extranjeros no les gusta vivir allí. Los francocanadienses lo han intentado, los italianos lo han intentado, y los polacos llegaron y se marcharon. Y ello no es debido a nada que pueda ser oído, o visto, o tocado, sino a causa de algo puramente imaginario. El lugar no es bueno para la imaginación, y no aporta sueños tranquilizadores por la noche. Esto debe ser lo que mantiene a los extranjeros lejos del lugar, ya que el viejo Ammi Pierce no les ha contado nunca lo que él recuerda de los extraños días. Ammi, cuya cabeza ha estado un poco desequilibrada durante años, es el único que sigue allí, y el único que habla de los extraños días; y se atreve a hacerlo, porque su casa está muy próxima al campo abierto y a los caminos que rodean a Arkham.”
Lovecraft. El Color que Vino del Espacio (The Colour Out of Space, 1927).

El sueño de la razón produce monstruos, dice Goya, pero la era de la razón también los produce, mas se ocultan y alguien ha de descubrirlos. Howard Phillips Lovecraft nació en Providence, Rhode Island, el 20 de agosto de 1890, y murió en el Jane Brown Memorial Hospital el 15 de marzo de 1937.  Es la figura más importante del siglo XX en la literatura fantástica y de terror, y junto con Edgar Allan Poe maestro del género, su influencia en la cultura popular ha sido determinante en varios campos.  Posee una modernidad plenamente vigente y es un retratista notable y certero de los temores y angustias de su época y del hombre en general.
Criado en el seno de una familia de abolengo pero venida a menos (su abuelo materno era un industrial cuyos negocios fueron mal llevados tras su muerte), vivió abrumado por dificultades económicas y en un relativo aislamiento debido a su carácter neurótico e introvertido.  Para subsistir vendió sus narraciones a revistas conocidas como Pulps, en especial Weird Tales.  El carácter popular de estas publicaciones marcó el estilo de sus cuentos, causando que posteriormente la crítica desestimara su obra, y solo gradualmente y mucho después de su deceso, su producción fue valorada por la crítica.  En el mundo hispánico aquella opinión desfavorable se vio reforzada, en parte, por Borges  que sin embargo no pudo resistirse a escribir una imitación suya, Cortázar, por el contrario, estimó su cuento The Colour Out of Space (ver recuadro), como una obra perfecta.

image

Carlo Fabretti ha ilustrado bien la vicisitud de Lovecraft: “Ocurre a menudo con los autores malditos, relegados durante años (con frecuencia hasta bastante después de su muerte), que cuando de un modo u otro son «descubiertos» todo el mundo intenta apropiárselos. Despreciado durante mucho tiempo por la crítica oficial como un mediocre discípulo de Poe, y hoy universalmente reconocido como uno de los maestros indiscutibles de la literatura fantástica, tanto los exegetas de la ciencia ficción como los pontífices del «realismo fantástico» y los oráculos de la cultura de la droga reclaman a Lovecraft como ilustre precursor; gnósticos, teósofos y ocultistas lo alinean en sus filas, y la escuela psicoanalítica junguiana ve en su narrativa la ilustración literaria de sus postulados. Y lo más curioso es que puede que todos tengan razón, al menos en parte. Incluso sus detractores, aunque no quienes le ignoraron o desestimaron la importancia de su obra.” Una pléyade de escritores tanto anteriores como posteriores a Lovecraft, han sido rescatados y proyectados en virtud de su relación con él, nombres como Blackwood, Machen, Chambers, Hogdson y Dunsany, pese a su talento serían hoy mucho menos conocidos, especialmente en lengua española, si Lovecraft, de quien fueron predecesores e influencias inmediatas, no hubiera alcanzado los laureles del público y la crítica e impulsado sus nombres en el proceso (Ambrose Bierce y sobre todo Poe, son otras influencias fundamentales).  Más aún, quienes se aliaron en el movimiento literario que creó, ganaron renombre dando continuidad a sus escritos y escribiendo las secuelas de sus sagas.  No obstante el calvario que lo llevó de paria a figura comentada por los críticos, entre los lectores Lovecraft siempre fue exitoso, y  un escritor admirado por otros escritores del género, que le tomaron como modelo.
“Los Mitos de Cthulhu” es un concepto general y posterior a Lovecraft, que más o menos define el núcleo más importante y popular de su obra y su continuación por los discípulos. Lovecraft no acuñó el término ni sistematizó sus relatos dándoles forma de “mitología”, ni posiblemente tenía la intención de hacerlo. Creativo y prolífico, escribió sus historias tejiendo sobre la marcha ese universo original, dotándolo, conforme se hacía consciente de él, de coherencia interna, en esa trama otros intervinieron con nuevos cuentos y elementos que la aumentaron sin enriquecerla significativamente en términos cualitativos.  Fue Derleth quien tal vez acuñó el nombre de “Mitos de Cthulhu” y los sistematizó según un modelo prosaico y trillado de “el bien contra el mal”, agregado dudoso a la novedad de Lovecraft. Escritor legendario, en el sentido de que su texto ya en sí es mítico, se tejieron leyendas urbanas sobre su figura patriarcal y sus grimorios, acaso reales y acaso no, y es la suya una influencia seductora y sospechosa de arcanos saberes. Quizás por esto se dio rienda suelta a esa mitología enriquecida por colaboradores, Lovecraft incorporó algunos de esos elementos en su obra, pero otros debieron resultarle ajenos. Se piensa que un escritor popular es fácilmente imitable, y lo será tal vez la llamativa naturaleza de sus temas, pero no sus notables cualidades técnicas y artísticas. Resumiendo, en los relatos del propio Lovecraft se encuentra de modo completo y orgánico el cuadro fundamental de los mitos, esto es, de “sus mitos”, estos relatos constituyen una fracción de las obras del autor y son básicamente los siguientes, aunque podrían agregarse uno o dos más:
The Nameless City (1921)
The Festival (1923)
The Call of Cthulhu (1926)
Pickman’s Model (1926)
The Colour Out of Space (1927)
The Case of Charles Dexter Ward (1927)
The Dunwich Horror (1928)
The Whisperer in Darkness (1930)
The Shadow over Innsmouth (1931)
At the Mountains of Madness (1931)
The Dreams in the Witch House (1932)
The Thing on the Doorstep (1933)
The Haunter of the Dark (1935)
The Shadow out of Time (1935)
La vieja casa familiar
image

Nuevo domicilio tras la mudanza
image

Con respecto al Círculo de Lovecraft, en conjunto forman una escuela que produjo más de trescientos relatos, sin apartarse de las ideas generales del maestro. Los principales son: August Derleth (administrador póstumo de su obra); el notable Clark Ashton Smith; Frank Belknap Long; Brian Lumley; Robert E. Howard, excepcional pues en verdad creó su propio gran universo de ficción personal con Conan, Kull de Valusia y otras famosas figuras, antes de su prematura muerte por suicidio; Henry Kuttner; Robert Bloch (luego famoso por sus escritos del género Psycho) y Colin Wilson (que luego escribiría en colaboración un Necronomicon que circula por la Web).  Finalmente, un discípulo que se separó a tiempo de la sombra del maestro para convertirse en un grande de la literatura de horror por derecho propio, Ramsey Campbell, sin duda el mejor escritor de terror después de Lovecraft, por encima de Stephen King.  Este último, aunque nacido en 1947, es igualmente heredero de Lovecraft, si no por sus temas (aunque escribió algunos cuentos dedicados a este), sí por aspectos fundamentales de estilo, siendo representante de la moderna tendencia inaugurada por aquél, de presentar el horror gradualmente a partir de lo cotidiano, y no haciéndolo llegar súbitamente del más allá, aunque creo que King exagera esto al grado de ser prosaico, a la vez que retoma temas anticuados y a un tratamiento de los mismos también anticuado (sus historias de vampiros, por ejemplo, son una vuelta a los cánones de Stoker). De Campbell diremos que es un escritor brillante y en ocasiones complejo, de lectura exigente y más técnico que el mismo Lovecraft (Luna Sangrienta, Nazareth Hill).  En general no hay prácticamente escritor fantástico desde la segunda mitad del siglo veinte, que no tenga deuda y sea heredero, incluso sin proponérselo, de la figura primordial y fundacional de H. P. Lovecraft, y otro tanto puede decirse del mundo del cine, en el cual su obra ha sido explotada ampliamente.

El abuelo Whipple
image

Los años han permitido considerar a Lovecraft en perspectiva valorando una serie de factores. Se ha dicho que no tuvo buenos maestros de estilo, y se pone a Poe como ejemplo de una escritura que iba de lo pobre a lo muy prolijo.  Es cierto que la ocasional ampulosidad de este se acentúa en él, pero debe tomarse en cuenta que ambos escribían para la inmediata publicación y satisfacían criterios comerciales.  Sus obras se consolidaron con el tiempo, revelando un talento más allá de las circunstancias, ambos fueron maestros innovadores que salvaron el género de perecer en fórmulas desgastadas, redefiniendo la manera de enfrentar el tema de lo fantástico de un modo tal, que desde los estándares que ellos implantaron hasta hoy, no ha habido más que retrocesos.  Puede aventurarse que Lovecraft al escribir buscaba signos de identidad que le hicieran trascender el entorno mediocre de una Providence pueblerina a la que se sentía ligado pero que lo aislaba intelectualmente.  La figura de Poe le daba la ventaja de una comunidad geográfica, ambos eran los escritores de terror de Nueva Inglaterra, y Lovecraft pudo fantasear con la sucesión, ya los lectores de la época escribían cartas a las revistas donde se los comparaba.

image

Las historias publicadas en esas revistas eran mediocres por regla, y un texto como Dagon (1917) produjo gran euforia.  Así, múltiples factores vinculan ambos autores.  Característico del trato disparejo que sufrió Lovecraft es que se pasara por alto esta vinculación.  Por ejemplo, escribe su novela At the Mountains of Madness (1931), pensada como continuación de The Narrative of Arthur Gordon Pym, si bien al compararlas, la secuela parece opacar al original. El mismo Verne intentó continuar el Gordon Pym, pero el resultado, Le Sphynx des Glaces, es netamente mediocre en comparación con el de Lovecraft.  Así, aunque Poe y Lovecraft empezaron con carácter comercial, fue el de Providence quien perdió el respeto de la crítica.

Es el tratamiento que da Lovecraft a sus temas, el abordaje visionario de sus objetos literarios, lo que le convierte en autor que puede leerse perfectamente hoy con igual provecho que en la década de los treintas, más aun, es a la luz de una consideración histórica que sus obras cobran pleno significado, y un carácter y sentido universales en tanto retratos válidos de los aspectos ocultos más negativos del hombre y el temor que alcanzan a suscitar en él. El “horror cósmico” elaborado sobra la obra de sus maestros (por ejemplo, “La casa del fin del mundo”, de Hodgson), hace surgir el espanto en el seno de lo cotidiano y de la aparente normalidad, de una manera inusitada hasta la fecha, que va tomando por desprevenido al espectador.  Insistió en la necesidad de crear una atmósfera, constituida por pequeños detalles que se acumulan, en la cual lo antinatural va posicionándose (acaso al modo de la Casa Tomada de Cortázar) y falseando nuestra sensación básica de seguridad personal, y como némesis de esta crea un nuevo universo poblado por poderosas criaturas venidas del espacio y de dimensiones paralelas que intentan penetrar en nuestro plano de realidad. Es una ecuación efectiva porque pueden sustituirse en ella esas entidades por otras más reales que entonces como hoy nos apremian: nuestros monstruos privados y públicos, vinculados al inconsciente no hacía mucho descubierto por Freud, la realidad cuántica, abierta a la incertidumbre que nos hizo desandar camino hasta la precariedad pre-newtoniana, y en general cualquier motivo de inquietud y premura. Lovecraft retrató el modo en que avanza el miedo y nos conquista, de un modo atemporal y preciso. Es de notar también la influencia sobre la ciencia ficción y el cine del siglo XX abriendo un nuevo apartado para el género, más allá de las historias de vampiros, brujas, fantasmas y licántropos con que aún nos martillea Hollywood.  Todo esto en conjunto ubica la suya como una visión bien configurada en el marco preciso del siglo y en la interpretación de los temores de la psique colectiva, metaforizando en sus creaciones parte del sinsentido que se agazapan en el fondo de nuestra seguridad y creencias.
Escritor arcaico y ultramoderno a un tiempo, la paradoja lo caracteriza en las letras contemporáneas, como los iluminados y los visionarios (Kierkegaard, Kafka, Nietzsche), unió lo oscuro y lo sublime en un intento por lograr un retrato de la condición humana, cuyo punto de fuga es ajeno a la razón, y que el escritor  machaca con significados imposibles, alucinaciones del mediodía, y figuras de pesadilla que prefiguran el estado intelectual y cultural de una civilización que acabaría en el horror irracional pero profundamente humano de la Segunda Guerra y de los totalitarismos del siglo. Porque el Lovecraft de carne y hueso escindido entre intelecto y fantasía, seguridad y zozobra, inteligencia y neurosis, es metáfora de esa conjunción de guerras mundiales, física cuántica y muerte de Dios, donde  los absolutos y la racionalidad a toda prueba han naufragado desde finales del siglo XIX. Refugiado en la torre de marfil de su biblioteca familiar, fanático de ese viejo y confiable saber, a su alrededor, en la Realidad, este mundo caía, y al escribir de estos demonios lo hizo del hombre rasgado y en búsqueda constante e infructuosa: su vida personal fue un verdadero crisol de conflictos pendientes que sin solución de continuidad se prolongó en su obra alucinante y profundamente humana como su época, plena como ella de cicatrices y de dudas.
image

He aquí sus paradojas: hombre apreciado hasta la veneración por amigos y prosélitos, pero hosco y receloso con los desconocidos. Progresista al reflejar la frágil estructura aparente de la razón, el trasfondo casual que rige las fuerzas cósmicas y la vida, que requiere ingentes esfuerzos conscientes para no derrapar hacia el abismo, pero a la vez reaccionario, racista y anti moderno.  Por un lado racionalista declarado y de formación, admirador del siglo XVIII, siglo de las luces y la razón, empero reniega de las ciudades que crecen sin control inundadas de autos y de avances técnicos que van dejando atrás los lentos y románticos engranajes de un pasado más noble y elegante. Creador de una escuela literaria revolucionaria, padre de generaciones de escritores, autor de obras maestras, pero de una desidia episódica existencial atroz que le sumía en la autocompasión y la inactividad, y que convirtió su vida personal en un estéril peregrinaje de autosacrificio. Fue al mismo tiempo un personaje pleno de tensiones disruptivas y densamente creativas, la amargura con que se opuso al mundo fue la misma de la que nació su arte.  Poeta legítimo de su época, nos alcanzan de lleno sus pesadillas, y ante esto los críticos debieron doblegarse al margen de la leyenda negra de su vida personal.  Hombre que fue además (contradicción de nuevo) generoso con sus allegados, siempre dispuesto a tender la mano y ofrecer su amistad no a través de palabras vanas sino de esfuerzo y trabajo legítimos, sacrificó incontables horas corrigiendo manuscritos ajenos a veces para subsistir, a veces a cambio de nada, y contestando multitud de cartas sin ninguna recompensa más que la comunidad fraterna que le unía con autores incipientes que como él se valían de las letras para darse un pequeño sitio.  Mordaz, irónico, autosuficiente y contundente en sus críticas y comentarios escritos, pero afable, tímido y afectuoso con los que se le acercaron y le frecuentaron.  En sus cuentos convertía a sus amigos en protagonistas de horribles acontecimientos, y aquellos le devolvían el favor, en especial los jóvenes, toda una generación de brillantes escritores que se aferraron a él como símbolo vivo de un ideal de artista, y que nunca se vieron defraudados.  Siempre, sin embargo, esquivo, refugiándose en la soledad al final, marginal y atormentado, contemplando y describiendo horrores con  lucidez dolorosa.
image

Lovecraft gozó del raro privilegio en un autor de ver terminada su obra, es posible recordar a Juan Rulfo, a Joyce, a W. S. Burroughs, como autores que dieron forma a una creación que resultó plena desde el punto de vista del sentido alcanzado y transmitido, son universos con una densa autorreferencialidad, son mundos que participan de la cualidad de una idea, y a la vez de una estética, una al servicio de la otra pero intrincadas, constituyen por tanto una estructura, cuyos elementos van produciéndose a medida que la obra crece y adquiere trabazón significante, hasta que alcanza un punto máximo subjetivamente discernible de integración, más allá de lo cual solo se logran redundancias. Esto es lo que algunos seguidores entusiastas de Lovecraft no comprendieron, de modo que continuaron añadiendo ladrillo tras ladrillo al edificio, con riesgo de sobrecargarlo y traérselo al suelo.  Lovecraft señaló poco antes de morir, que no seguiría escribiendo más pues no tenía ya nada que decir.  Su obra tuvo dos períodos, el primero consiste en cuentos de “ensoñación” de valor lírico, muy influenciados por Dunsany; el último estadio y más original, es el de la mencionada producción de los “Mitos de Cthulhu”.  Aquí adquiere madurez estilística, abandona el afán por impactar al lector, el terror es más sutil y refinado, es el puro “horror cósmico” el que asombra y fascina y no las extrañas criaturas, es la intromisión en la realidad de algo que se supone que no debe estar allí.  Su escritura es más desprolija y a veces casi periodística, lo que aumenta el realismo, sus cuentos son más largos, complejos y menos comerciales, lo que le vale el rechazo de muchos editores.  Es la obra de un narrador sereno que maneja con propiedad las claves con que se transgreden tiempo y espacio, aquí se terminan de esbozar y redondear los mitos junto con la bien lograda visión del universo y del hombre en el complejo psicológico que forman.  Pero se debe distinguir entre el contenido de esos mitos, sus argumentos, y el estilo en que fueron escritos, el mencionado “horror cósmico”, que constituye lo más trascendental y duradero de la obra de Lovecraft.
image

Otro abuso por él sufrido fue que muchos de sus cuadernos de apuntes se tomaron como base para nuevas producciones de poco valor haciéndolas pasar como colaboración (pecado principal de Derleth, por otro lado fiel amigo).  La obra de Lovecraft empezó a publicarse en formato de libro tras su deceso por la editorial Arkham House, fundada por sus discípulos. Empezó a alcanzar popularidad y con los años se ha difundido de una manera asombrosa a través de todos los medios imaginables.  Existen dedicadas a él o haciendo referencia a su obra decenas de miles de páginas web en todos los idiomas, sobre los Mitos de Cthulhu hay juegos en línea, grupos de estudio y clubes de aficionados e imitadores, canciones y grupos de rock llevan su nombre o el de sus creaciones, la deuda de Hollywood con él es simplemente impagable, y sus títulos proliferan en forma impresa y digital.  No creo posible cuantificar cuánto se lo lee, pero el dato sería sorprendente, es una figura virtualmente idolatrada por multitudes de fans, tal como lo fue en su época por su círculo más cercano. Ya desde los sesentas algunos se mostraban molestos por el protagonismo considerado a veces excesivo, logrado por el autor de Providence (Sadoul, Jacques. Historia de la Ciencia-Ficción Moderna,1973).  Críticos y escritores, ante el fenómeno de Lovecraft, hicieron una valoración negativa que con el tiempo fue desechada, por ejemplo, un crítico del prestigio de Robert Caillois llegó a decir que el autor había usurpado su fama.  Tal ves no pueda culpársele, solo con el paso de los años, al tomar distancia de su época, se comprender cabalmente el significado de Lovecraft como lector de ella, y se le pudo ubicar cabalmente en la historia de la literatura del siglo.
Libro de Role Play
image

Dedicó su talento a hacer apetecibles sus relatos a los difíciles editores de los pulps, y fruto de ese esfuerzo los fans siempre le tuvieron en el primer lugar de sus preferencias.  Aunque no era un escritor propiamente de ciencia ficción (Weird Tales, su revista madre, se dedicaba a relatos más bien de fantasía), en 1947, cuando este género se había especializado y diferenciado, Lovecraft apareció seleccionado por los lectores del fanzine Sun Spots (revista de fans de Science Fiction), como el segundo escritor más citado en los últimos años, y eligieron The Outsider como su mejor obra.  Esto pese a que el autor tenía una década de haber fallecido y una multitud de otros narradores competían por el éxito en el duro mundo de este género.

Lovecraft vivió en un ambiente familiar malsano para un niño, su padre, Winfield Scott Lovecraft, murió demente presumiblemente por neurosífilis cuando Howard tenía ocho años, tras alternar su estancia en la casa con periodos en el sanatorio.  Su madre, Sarah Susan Phillips Lovecraft, estaba también algo afectada mentalmente por su viudez y lo consintió en exceso, pero a la vez desde pequeño le decía a Howard que era feo e incapacitado para enfrentar un mundo externo lleno de maldad, y alimentó en él un orgullo por su ascendencia británica, contrapuesta a una Norteamérica hibridada y decadente.  Lovecraft conservó algo de estas ideas.   Vivían con ellos un par de tías mayores.  Sobre su nombre, Howard Phillips, puede señalarse como curiosidad que en la cultura anglosajona, cuando una mujer pierde su apellido al casarse, suele recuperarlo como segundo nombre de su hija, o de su hijo en este caso.  Su padre fue viajante de comercio en artículos de plata, hombre muy autoritario, y su madre hija de un rico industrial, Whipple Van Buren Phillips.  Al morir este en 1904, sus negocios fueron llevados a la quiebra y la familia debió mudarse a una modesta residencia. Este abuelo tuvo muy buenas relaciones con el joven Lovecraft, y ejerció casi como su verdadero padre. La familia poseía una formidable biblioteca, en que había predominio de los positivistas ingleses, y en la que el autor se formó de forma autodidacta adquiriendo conocimientos enciclopédicos, y adoptando un racionalismo materialista en contraste con los temas de sus obras.  Fue un niño de inteligencia precoz y excepcional, empezó a leer con avidez a los tres años, y escribía artículos científicos y publicaba periódicos vecinales siendo aún niño.  Una sola enumeración de sus investigaciones y escritos elaborados a lo largo de su niñez y adolescencia sobre temas como astronomía y química, especialmente, podría llenar varias páginas (ver  HYPERLINK “http://www.hplovecraft.com/”www.hplovecraft.com).  No pudo culminar la secundaria por una crisis nerviosa que sufrió poco antes de graduarse, lo que se sumaba a otros males físicos que siempre padeció, esto frustró su entrada a la Brown University, hecho que le avergonzaría toda su vida.
image

La pérdida de su casa familiar por las deudas le afectó llevándole al borde del suicidio, según comentó luego, pero se repuso, aunque entre 1908 y 1913 vivió en virtual reclusión dedicándose a la astronomía y la poesía, ganando poco dinero con algunas publicaciones de ese género, a la vez que sostenía una enfermiza relación de amor y odio con su madre.  Le salvó de esta inercia la lectura de las revistas pulp, ya que entra en controversia pública con el autor Fred Jackson (que publicaba en Argosy) por causa del tipo de relatos de amor de mala calidad de este, que no debían ser del agrado de nuestro autor, ni por el tema ni por el peso.  Sus artículos al respecto son leídos por Edward F. Daas, presidente de la United Amateur Press Association (UAPA), que nota su talento y le invita incorporarse en 1914.  En consecuencia Lovecraft publicó artículos, poesías, y voluminosos ensayos en varios periódicos.  Fue presidente y editor oficial de la UAPA y luego brevemente de la rival National Amateur Press Association (NAPA).  Esta serie de eventos abren un mundo insospechado para un Lovecraft que hasta hace poco vegetaba en su casa, y le llenan de bríos y ambiciones por mucho tiempo reprimidos.  En efecto Lovecraft, como bien señala Colin Wilson, es un hombre con hambre de fama y éxito, pero cuya tendencia a autodevaluarse le sumía en periodos de inacción y frustración.  Se consideraba físicamente débil y enfermo, cosa que negaron sus conocidos.
image

W. Paul Cook y otros, especialmente Edwin Baird, editor de Weird Tales, ven el potencial que poseen los relatos viejos de Lovecraft, como The Beast in the Cave (1905) y The Alchemist (1908), y le instan a escribir de nuevo, así, invitado por Baird presenta The Tomb y Dagon en la publicación de este en 1917, con lo cual inicia su brillante carrera de escritor de relatos profesional.  Cuando saltó a la fama relativa de la comunidad de los Pulps, se vinculó con muchos corresponsales e inició su nutrida y valiosa correspondencia.

Su madre muere el 24 de mayo de 1921 por mala praxis en una operación de vesícula (había sufrido también una crisis nerviosa), esto lo impacta profundamente, pero ya el 4 de julio participa en una convención de periodismo amateur en Boston.  Allí conoce a Sonia Haft Greene, una judía rusa siete años mayor y descubren tener afinidades importantes.  Howard la visita en Brooklyn, se casan en 1924 y él se muda al apartamento de ella.  Sonia tiene una exitosa tienda de sombreros en la Quinta Avenida en Nueva York y Lovecraft  empieza a ganar fama como escritor tras ver sus cuentos publicados en Weird Tales, hay que señalar que hasta 1922 la poesía y el ensayo habían sido los géneros dominantes en él.  Pero la tienda de Sonia quiebra y Lovecraft pierde la posibilidad de trabajar editando una revista compañera de Weird Tales, pues hubiera debido irse a Chicago, cosa que le parecía impensable.  Sonia además enferma y debe internarse un tiempo, luego viaja a Cleveland para trabajar y él, desempleado, se muda a un cuarto en Red Hook, Brooklyn.
image

Lovecraft se deprime, se siente aislado, y se exacerba su extraña fobia, recelando de los extranjeros que ve por doquier en la ciudad.  En sus escritos se nota la nostalgia por Providence y el odio por la metrópolis, planea regresar a su ciudad natal y el matrimonio acaba en buenos términos en 1929, Lovecraft esgrime como causas las dificultades financieras e intereses cada vez menos coincidentes, además ella quiso poner un negocio en Providence, pero las tías de él se opusieron.  Queda un comentario de Sonia sobre su vida sexual como pareja, señalando que fue siempre satisfactoria.
image

Lovecraft se reinstala en Providence el 17 de abril de 1926, iniciando el periodo más productivo e interesante de su vida: viaja mucho (Quebec, varios sitios de Nueva Inglaterra, Philadelphia, Charleston, St. Augustine), y escribe libros de esos viajes.  Pero sobre todo escribe los grandes relatos de su segundo periodo literario correspondiente a los mitos, como  The Call of Cthulhu (1926), At the Mountains of Madness (1931), The Shadow out of Time (1934-35).  Continuó con su prodigiosa obra epistolar, básicamente formadora de nuevos talentos y se dio de lleno un lugar como hombre de letras.  Se preocupó de la materia política y económica, señala S. T. Toshi, apoyando a Roosevelt durante la Gran Depresión y tornándose socialista moderado, continuó además sus estudios de múltiples materias como filosofía, arquitectura, historia y literatura.
image

Se ha dicho, sin ningún fundamento, que Lovecraft era pro-fascista, en especial por su fobia neurótica ya mencionadas, que le hacía alejarse temeroso de las figuras marginales que veía por las calles neoyorkinas, extranjeros en su mayoría, durante su periodo de aislamiento y crisis matrimonial, y además por las sociedades pertenecientes a mundos de otras dimensiones que pintó en algunos relatos, de carácter en apariencia totalitario (está al uso hoy hablar de “fascismo extraterrestre”)  Y aquí echaré mano de mi formación profesional como psicólogo. Lovecraft era un hombre psicológicamente herido, su mayor defecto, políticamente hablando, fue el racismo que profesó, el cual se vinculaba a su neurótico temor a las relaciones humanas, a las personas y situaciones novedosas. Su neurosis explica su auto reclusión y desprecio por todo lo moderno (ideas vertidas insistentemente por su madre, junto con comentarios desvalorizantes del varón propios de una estructura histérica). Despreciaba la sociedad industrializada (equivalente a modernidad y autonomía) y a la vez se quejaba de los resultados de esta actitud: su vida monótona, vacía de emociones y dificultada por complejos de inferioridad. Tampoco benefició su mentalidad el desempleo en Nueva York, o la tendencia casi universal de culpar a los extranjeros de los males del propio país.  Lo que no puede atribuírsele es ser fascista como modo de elección consciente de una opción política determinaba.
image

Escritores como Lovecraft, señala Llopis con acierto, fueron los primeros en ser eliminados en regímenes fascistas, al ser considerados como decadentes, y resulta difícil imaginarlo formando parte de un mundo donde el individuo carece de valor y opinión, y que está centralizado en el culto y la obediencia al Estado, él que justamente fue reacio a integrarse eligiendo en cambio una vida nómada y en constante cuestionamiento del mundo que le rodeaba, y en constante desprecio de la civilización moderna y de sus progresos.  Lovecraft en sus cartas se lamentó de lo que pudo haber sido y no fue por falta de recursos: no haberse codeado con grandes escritores, no viajar a Europa, no salir del ambiente mediocre de su pueblo y del trato con gente que en honor a la verdad estaba alejada de su nivel intelectual.  El contacto con personas cultivadas y medios culturalmente más ricos, le hubiera permitido tal vez dar rienda suelta a las potencialidades de su talento, pero incluso sus corresponsales más iluminados siempre le vieron como un padre, y él comprendía que se vinculaban con él como aprendices.

Pese a sus reales defectos, las ideas oscuras que se han difundido sobre su persona se deben mayormente al morbo que despierta la naturaleza de sus relatos, y a su neurosis, a veces exagerada por algunos; sin embargo los testimonios de quienes le conocieron personalmente refuerzan sin excepción un concepto positivo de él.  No obstante que en la vida real era un hombre hosco y silencioso ante extraños, se volvía afable, afectuoso y relajado con sus amigos y colaboradores, era además contrario a la violencia en todas sus formas, y tendió la mano y ayudó a muchos escritores que como él, estaban al borde del hambre.

En los viajes de sus últimos años visitó en especial Nueva Inglaterra, escenario natural de los pueblos imaginarios de su mitología:  Arkham, ciudad importante con una universidad que lleva el nombre del río Miskatonic, en cuya biblioteca se guardan textos antiguos con saberes oscuros y prohibidos; Innsmouth, ciudad portuaria no muy alejada, poblada por gente con extrañas taras físicas, y que fue casi destruida por el ejército al erradicar una insólita plaga de criaturas sobrenaturales venidas del mar, y finalmente Dunwich, cuna de horrores sin nombre, comunidad retrógrada en medio de las montañas y los bosques al estilo Vermont (al estilo de El Reino, como llaman los norteamericanos a esa zona inmensa, salvaje e inexplorada donde se suele avistar a Bigfoot), con pobladores aislados e introvertidos, algunos de ellos entregados al culto de extrañas divinidades del cosmos que hacían retumbar las oscuras cimas boscosas.  Produjo además una cantidad de libros apócrifos, famosos y notables, el primero de todos El Necronomicón o Al-Azif (año 730), del árabe loco Abdul Al Hazred, libro que es rey indiscutible de la literatura apócrifa mundial, que por muchísimo tiempo (incluso hoy) fue buscado por libreros y coleccionistas, que se ha mencionado en innumerables películas y textos, y del que han aparecido fichas en varias bibliotecas, incluida la del Congreso.  Pero también los Manuscritos Pnakóticos, el Texto de R’lyeh; el Libro de Dzyan; los Siete Libros Crípticos de Hsan, y los Cánticos de Dhol. Sus discípulos agregaron el Cultes des Goules, del conde D’ Erlette (por su amigo Derleth); De Vermiis Misteriis, de Ludvig Prinn; Unaussprechlicben Kulten de Von Junzt, y algunos otros.

Durante sus últimos años, ya he dicho, sus cuentos se volvieron de estilo más limpio, pero también más largos y complejos, resultando difícil venderlos a los editores, que daban prioridad escritores ya olvidados.  Lovecraft tuvo, con el fin de sobrevivir, que dedicarse a revisar y corregir los trabajos próximos a publicar de quienes eran incapaces de escribir bien por sí mismos.  Esta vergonzosa explotación y la marginalidad de sus últimos años, es uno de los episodios más lamentables de su vida, pero da a su rotundo éxito posterior un carácter resarcitorio.

En 1936 se suicida el talentoso y original Robert E. Howard a los 30 años, tal vez aquejado de un mal mental mayor, y que era un cercano corresponsal suyo. Lovecraft escribe una nota muy sentida sobre su amigo donde deja en claro su conmoción.  Robert E. Howard era un creador único y poderoso de mundos míticos donde héroes de acción y aventura como el arrojado Conan el Bárbaro o Kull de Valusia sobrellevaban andanzas que hasta hoy han sido inspiración de autores y lectores.  Pero el propio fin de Lovecraft está muy cerca, en este punto de su vida no ha visto publicado un solo libro, su obra está dispersa en revistas baratas y mal impresas. August Derleth y Donald Wandrei, de modo póstumo, se encargarían de darle a estos escritos la dignidad de una edición honrosa a través de la editorial Akham House.

La vida de Lovecraft parece sombría, pese a sus viajes y corresponsales, da la impresión de que no encontró el sosiego y la felicidad plenas que otorga el trato personal y fecundo con los semejantes, aunque es difícil juzgar esto desde fuera.  Se recluyó en el Jane Brown Memorial Hospital el 10 de marzo de 1937, de donde ya no saldría. Se le diagnostica un cáncer gástrico avanzado que desde hacía años mostraba sus síntomas dolorosos.  Murió el día 15, tenía 47 años, era pobre y nadie lo acompañó ni lo visitó.  El último de sus amigos en escribirle (ignorantes todos de su enfermedad) fue su discípulo, el luego famoso Robert Bloch (autor de Psicosis, llevada al cine por Hitchcock), lo hizo a principios de marzo, pero tal vez no llegó a recibir la misiva.  Con eso en mente, Bloch ha publicado una segunda carta pública y conmovedora a Lovecraft donde hace un repaso personal de su vida y obra, con motivo del volumen de homenaje por el centenario de su nacimiento (Lovecraft’s Legacy, 1990), en el cual algunos de los escritores más famosos del género en la actualidad dan cuenta de su deuda con el Maestro de Providence.

De su amplia obra mencionaremos unos pocos títulos:  El extraño y otros cuentos (1939) y El cazador en la oscuridad y otros cuentos (1951). Sus mejores novelas cortas son El caso de Charles Dexter Ward (1928), En las montañas de la locura (1931) —que la crítica, como ya vimos, compara ventajosamente con Gordon Pym de Edgar Allan—, y La sombra sobre Insmouth (1936).  Hay dos biografías fundamentales para entender a Lovecraft, muy diferentes entre sí y complementarias: la de Sprague de Camp, Lovecraft: Una Biografía, que es una especie de obra canónica redactada por un seguidor suyo, y luego el estudio más moderno de un autor contemporáneo y polémico, Michel Houellebecq, H. P. Lovecraft: Contra el Mundo, Contra la Vida (1991), que ofrece una visión con mayor profundidad crítica y mucho más novedosa.  Ediciones Valdemar publicó en español una versión nueva y revisada de su obra completa en prosa, H. P. Lovecraft.  Narrativa Completa  (2006), lo que deja en claro que la restitución de su figura está lejos de terminar.

I AM PROVIDENCE
image

Puede visitarse  HYPERLINK “http://www.hplovecraft.com/”www.hplovecraft.com en inglés para hallar amplia información biográfica y bibliográfica y datos adicionales, estudios, reportes sobre su influencia en la cultura popular, cine, etc, cronologías de los mitos, y enlaces interesantes.

La lista de obras de Lovecraft que se ofrece a continuación y que incluye las fechas de escritura, fue elaborada por S. T. Toshi, y apareció en Dagon and Other Macabre Tales, publicada por Arkham House, no se incluyen poesía, ensayos (es especial su estudio El Horror Sobrenatural en la Literatura), libros de viaje (abundantes) ni otros textos, también debe recordarse que hay abundante correspondencia publicada.

Quienes no hayan leído a Lovecraft descubrirán que es un autor al que se ha de volver una y otra vez, y al que se desea olvidar pronto, para disfrutarlo de nuevo.

Licencia de Creative Commons

Lovecraft, la redención de los monstruos
by José Fabio Esquivel Jiménez
is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Costa Rica License.

Obras de Ficción de Lovecraft
Orden Cronológico
(Según S. T. Toshi): http://www.hplovecraft.com/writings/fiction/

Anuncios