El Wéndigo
Por José Fabio Esquivel

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Trataremos una criatura para muchos desconocida en el mundo de lengua castellana de gran tradición en la cultura popular y del misterio de Norteamérica. No es un ser criptozoológico, pero en cambio tiene gran importancia por ir vinculada, y condensar uno de los temas tabú de todas las culturas, el canibalismo. Por esta causa, tal vez, fue revestida de las características más aterradoras, y el miedo que inspira es profundo e instintivo, veremos hoy los diversos aspectos, míticos y verídicos, del gran Wéndigo del norte de Canadá.

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“Rasgóse el velo de recuerdos y emociones con que la experiencia vela habitualmente los acontecimientos; y medio enloquecido, forjó visiones que llenaron de terror sus ojos, su corazón y su alma. Porque, con aquella voz lejana, le había llamado el pánico de la Selva, el Poder de la Indómita Lejanía, el Hechizo de la Desolación que aniquila… En aquel momento, se le revelaron todos los suplicios de un ser irremisiblemente perdido que sufría la fatiga y el placer del alma que ha llegado a la Soledad final. Por las oscuras nieblas de sus pensamientos, como una llama, pasó fugaz la visión de Défago, eternamente perseguido, acosado por toda la inmensidad celeste de aquellos bosques antiquísimos.”

Algernon Blackwood, El Wéndigo.

Para el amante del misterio, y especialmente el seguidor de la literatura de horror, el primer contacto con el Wéndigo será a través del círculo de Lovecraft, ya en la famosa antología compilada por Rafael LLopis “Los Mitos de Cthulhu”, de Alianza Editorial, se recoge como precursor el aterrador “Wéndigo”, del inglés Algernon Blackwood. El mismo August Derleth, amigo y editor póstumo de Lovecraft, introdujo una deidad propia en la mitología de Cthulhu, Ithaqua, inspirado directamente en el Wéndigo. En mi caso, ningún monstruo del horror cósmico igualó el miedo causado por aquella bestia emanada del corazón de los helados bosques del Canadá. Hay algo profundamente instintivo y aterrador en él, incluso en la versión generosamente dulcificada por Blackwood, que temía acaso escandalizar, o provocar pesadillas y delirios. Nosotros palparemos el helado corazón del Wéndigo, intentaremos atisbarle sobre la copa de los árboles, en medio de la noche y la ventisca invernal. La literatura autorizada en español al respecto es casi inexistente, seguiremos por ello las tesis en inglés de Louis Marano y de Morton Irving Teicher, ambas sobre el tema de la psicosis del Wéndigo. Empecemos.

La criatura.
El Wéndigo es uno de los espíritus dentro de la tradición de los indios de lengua algonquina del noreste de Canadá. La descripción que se hace de él sorprende por lo detallada, y por el fascinante empeño en reforzar su carácter sobrenatural y bestial. Se distingue por su perenne e insaciable hambre de carne humana, por su gigantesco tamaño de hasta treinta metros de alto y por tener un corazón, y a veces un cuerpo de hielo. Si bien hay machos y hembras, cada Wéndigo es un solitario. Si dos de ellos se encuentran, se entabla una violenta batalla y el ganador devora al perdedor, en otra versión, el perdedor es reducido a cenizas en una hoguera, aunque su frío y duro corazón de hielo debe ser sacado del fuego, hecho pedazos a golpes, y regresado a la pira para fundirlo. Acecha el bosque a grandes zancadas, impávido ante el frío y el hielo del invierno. A veces se frota contra los árboles resinosos como el abeto para cubrirse con su goma, entonces, rueda sobre arena, adquiriendo una cubierta que lo hace ver como hecho de piedra. Conforme se alimenta, la criatura crece, con lo que también aumenta su hambre, se lo describe como esquelético y famélico, sus dientes se asoman debido a que ha devorado sus propios labios, que están rasgados y sangrantes. Esos dientes son largos y puntiagudos, y al pasar su aliento por ellos ruge en un escalofriante siseo, audible por millas. Tiene grandes y protuberantes ojos, casi como los de una lechuza, pero bañados en sangre. Sus pies miden un metro, con talones salientes y puntiagudos, y un solo gran dedo. Sus manos son terribles y como garras. Su voz es estridente, y reverbera más que el trueno. Produce un largo, interminable sonido, acompañado de horribles aullidos, que hace a la gente huir espantada. De fuerza portentosa, con un golpe puede destripar a un hombre. A medida que avanza, rasga la superficie de la tierra, partiendo a su paso las copas de los árboles o doblándolas como si fueran pasto. A veces usa un árbol como bastón. Puede caminar sobre la superficie del agua o nadar, así atraviesa los lagos, con tal fuerza y velocidad que levanta grandes olas volcando las canoas.
Come madera podrida, musgo de pantano, pero sobre todo carne humana. Rastrea a sus víctimas obsesiva e implacablemente, esperando la oscuridad para atraparlos y comerlos. Cada vez que un cazador no regresa de los bosques, perdido, los indios invariablemente dan cuenta de su desgracia explicando que el Wéndigo le ha devorado. Hay una periodicidad estacional para su hambre, algunos dicen que el invierno es la época más peligrosa, cuando aumenta su apetito por los hombres. También dicen que cuando la nieve se funde en primavera, la criatura se retrae al norte, donde sigue haciendo frío. Otros, como los Salteaux, creen que es más ávido y poderoso en primavera, sobre todo porque sus huellas en la nieve permiten conocer su localización y evadirlo.
Matar al Wéndigo es extremadamente difícil, si no imposible. Ningún arma ordinaria es efectiva, hay quien dice que se requiere una bala de plata, otros que su cabeza debe seccionarse del cuerpo, pero algunos objetan que es inútil pues volverán a reunirse ambas partes. Un chamán puede matarlo con hechicería, invocando otros espíritus para ayudarle en su, de otro modo, imposible acto heroico.
Hay variedad de explicaciones sobre como surge el Wéndigo, la más frecuente es que un ser humano víctima de hechicería se convirtió en la criatura, entonces su corazón se vuelve de hielo, su cuerpo se hincha al tamaño de un árbol de pino, duro e insensible al frío. Otra línea indica que es producido por el sueño del hechicero que lo envía al mundo a hacer el mal. También se dice que representa a todos los que han muerto de hambre, o bien que Dios los creó.

Amuleto Windigo nativo, en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

Amuleto Windigo nativo, en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

El temor al Wéndigo.
La creencia y el temor al Wéndigo están muy afianzados, hay ríos y lagos con su nombre que son evitados a toda costa, y se registran verdaderas oleadas de horror. Irving relata que en 1950, 300 indios de la nación Salteaux que vivían en Island Lake, sufrieron un verano entero en estado de pánico por la supuesta presencia de la criatura en son de cacería. A fines del siglo XIX un misionero explicaba a los indios que había pocos sacerdotes disponibles para el Canadá, pues los caníbales del Pacífico Sur los necesitaban, esta solo mención de los caníbales hizo que los pobladores huyeran de sus casas refugiándose en una isla del lago Winnipeg.
Un comerciante en pieles que trabajó en la bahía de Hudson de 1771 a 1787, comenta sobre los indios Cree: “Dicen además que hay un Ser maligno, que siempre les está mortificando; le llaman Whit-ti-co. Le temen mucho, y rara vez comen o beben brandy sin echar algo al fuego para Whit-ti-co. Si alguna desgracia les ocurre le cantan, implorando misericordia, y si tienen salud y prosperidad hacen lo mismo, para mantenerlo de buen humor. Empero, aunque unas veces son obsequiosos, en otras se enojan con él, sobre todo cuando han tomado licor; entonces corren de sus tiendas y disparan para matarlo. Con frecuencia se convencen a sí mismos de haber visto sus huellas en el musgo o en la nieve y generalmente es descrito de las formas más horrendas”. Para ellos constituye una presencia que les obsesiona y mantiene en temor durante buena parte del año, y les ayuda a comprender los hechos más crudos y violentos de su entorno.

La psicosis del Wéndigo.
Hablaremos ahora de la psicosis del Wéndigo. Según Irving, su principal síntoma es el deseo irrefrenable por comer carne humana, cosa que sucede de no matar o curar al enfermo. A este se le convence de haber sido poseído por el Wéndigo, y él mismo se convierte en un uno, por decirlo así, con minúscula. Suele entonces pedir la muerte y acepta su ejecución. Cada indio tiene el espíritu guía de un animal, y si un hombre es elegido por un espíritu guía de esta criatura y él lo acepta, se transforma. Por otra parte en estas tierras heladas es frecuente la hambruna, y si por esta causa se llega al canibalismo, esa tendencia se convierte en irrefrenable. Por último, un brujo puede forzar al estado de Wéndigo a un enemigo, haciendo que merme su cacería y su alimento, o enviándole directamente el espíritu de la criatura.
Los síntomas iniciales de la enfermedad son anorexia, bulimia, depresión y abulia, en este punto el mal es curable, pero no cuando pasa ya a la violencia caníbal.

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Debe señalarse que dos aspectos fundamentales de la cultura tradicional de los indios del noreste del Canadá, son el temor a la muerte por inanición, y el horror por la práctica del canibalismo, ligado a aquella. Los varones algonquinos son criados como cazadores solitarios que buscan sus escazas presas en amplios territorios familiares, agobiados por el temor al fracaso que significaría la muerte de sus familias, o peor aún, la posibilidad del canibalismo entre ella. Hombres blancos del siglo XIX atestiguaron supuestos casos de canibalismo por hambre entre miembros de una familia india, donde al final solo queda uno con vida, los primeros sacrificados serían los niños, e incluso ciertas mujeres habrían devorado varios esposos, según estas historias.
En 1857 un comité de la Cámara británica de los Comunes, recibió este informe de William Kennedy, de la Hudson’s Bay Company: “Supe que el hambre ha causado gran devastación entre sus viejos amigos los Nascopias, muchos de los cuales murieron por la carestía el invierno pasado; campamentos enteros de ellos fueron hallados muertos, sin un sobreviviente para contar su sufrimiento; otros conservaron la vida de la forma más repulsiva- usando como alimento los cuerpos muertos de sus compañeros; algunos incluso desangraron a sus propios hijos hasta la muerte sobreviviendo gracias a sus cuerpos.” (A, pag 43)
Es polémico hasta qué punto estos relatos son verídicos. El canibalismo es visto como una conducta aberrante entre estas poblaciones, y hay una marcada preocupación cultural por el tema. A continuación se presentan un par de relatos del folclore indio relativos al Wéndigo:

Wintigos (gigantes), leyenda del pueblo Ojibwa
En los viejos tiempos se creía que si una persona ayunaba por 10 ó 12 días, podía aprender algo sobre los osos y los leones, o sobre algún otro animal muy fuerte, y que si soñaba con uno de ellos se volvería igual de fuerte.
Una vez un hombre soñó que podría luchar con el Wintigo en cualquier momento. Él podría ser igual de grande y fuerte, y durante un invierno, el hombre supo que vendría a devorarlo a él y su familia. Le dijo a su esposa, “el Wintigo vendrá esta noche, y va a comernos, y si mis sueños fallan, podríamos ser devorados por él”. Llegó la noche y el hombre salió a encontrarse con el Wintigo a cierta distancia. La esposa se puso a escuchar por un largo rato, entonces oyó los árboles caer por todas partes y entonces vio a dos enormes, grandes hombres mordiéndose el uno al otro y golpeándose con enormes, grandes árboles, y también con las manos. Así fue por un largo tiempo, hasta que todo acabó, y ella esperó, atenta a si su hombre volvía a casa. Después de un rato, él emergió de los árboles tan pequeño como cuando había salido a pelear. Él dijo “gané la batalla por primera vez desde que tuve mi sueño, ven conmigo y te mostraré el lugar donde acabé con el Wintigo”. Ambos fueron, hasta llegar a un lugar donde vieron como si alguien hubiera estado rastrillando, tan feroz fue la batalla que toda la maleza y los pequeños árboles estaban tumbados y pisoteados. En lo más lejano del lugar, vieron un gran hombre yaciendo y muerto, con su gran caldero y su gran cuchillo, con los cuales el Wintigo iba a matarlos y comerlos. Entonces el hombre y la mujer se pusieron a trabajar y reunieron leña e hicieron una gran hoguera y quemaron al Wintigo hasta las cenizas.

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El Windigo
Hace mucho tiempo un gran Windigo robó un niño Indio, pero el niño estaba muy flaco, así que el Windigo no se lo comió de inmediato, pero viajó junto con el niño Indio esperando a que se pusiera gordo. El Windigo tenía un cuchillo y cortó al niño en la mano para ver si estaba suficientemente gordo para comerlo, pero el niño no engordaba. Viajaron mucho. Un día llegaron a un poblado Indio y el Windigo envió al niño a la aldea por algunas cosas para comer. Le dio cierto tiempo para ir y volver. El niño dijo a los Indios que el Windigo estaba cerca, y les mostró la mano que le había cortado para ver si estaba gordo para comerlo. Oyeron al Windigo llamando al niño. El le dijo: “apúrate, no le cuentes mentiras a esos Indios”. Todos los indios fueron donde estaba el Windigo y le cortaron las piernas. De nuevo regresaron para ver si había muerto. Él no había muerto. Se estaba comiendo la médula del interior de los huesos de sus piernas cortadas. Los Indios le preguntaron al Windigo si había grasa en ellas. Él dijo: “pueden apostar que sí, me he comido montones de Indios, no me extraña que estén gordas”. Los indios entonces lo mataron y cortaron en pedazos.
Ahora presentaremos dos casos de supuesta psicosis de Wéndigo, empezando por el más famoso, el de Swift Runner, de Alberta.

Caso Swift Runner
Swift Runner era un indio Cree que habitaba al norte de Fort Edmonton, era un hombre saludable y vigoroso, pretendido como empleado por la compañía de Hudson Bay. En el otoño de 1878, se movió con su esposa e hijos a nuevos territorios al norte de Fort Saskatchewan, donde vivió de las trampas y la caza sin carecer nunca de alimentos. Poco después volvió a su viejo territorio pero sin poder dar cuenta de su esposa e hijos. Los familiares de la mujer, alarmados, dan aviso a la Policía Montada. Un oficial de esta encuentra el campamento de Swift Runner junto con los huesos de su familia.
La investigación demuestra que el indio mató y devoró a sus víctimas, el hombre va a ser ejecutado por su tribu pero la autoridad lo encarcela en Fort Saskatchewan. En el juicio de 1879 se revelan los crudos hechos de la matanza. El acusado había mostrado a la policía la tumba con el cuerpo intacto de uno de sus hijos, que murió de modo natural. Pero había huesos humanos desparramados por el campamento, incluyendo un cráneo que confesó era el de su esposa. Presionado, relató los detalles. Mató a su esposa y la comió; forzó a uno de sus hijos a matar a un hermano menor y a cortarlo, luego lo devoró; luego mató a su niño colgándolo de un poste de la cabaña, y mientras cenaba, había tirado de sus piernas para acelerar la muerte. Confesó haber hecho lo mismo con su suegra, que era un poco difícil. Y según los indios vecinos un hermano había corrido similar suerte. Lo que hizo su crimen más bárbaro, es que, entretanto, tenía gran cantidad de carne seca colgada en su campamento.
El acusado fue condenado a la horca, situación que sobrellevó con indiferencia.

Swift Runner

Swift Runner

Cuento de Wéndigo
Este Indio tenía una familia de cuatro. Él y su esposa y su hijo mayor se volvieron diablos y lo que comían eran Indios. Ellos se comieron primero el resto de la familia y después fueron por allí comiendo a otros. Ellos se volvieron Windigos. Otro Indio tenía dos hijos, una esposa y una hija, y sabían que alguien vendría a matarlos, entonces trataron de huir. Viajaron y viajaron y no tenían nada que comer, pero sabían que el enemigo los seguía, así que siguieron hasta no poder más, estaban muy cansados y apenas tenían carne en ellos pues no habían comido en mucho tiempo, entonces levantaron un pequeño campamento e iban a dejar que el enemigo los matara. Estaban tendidos y pronto escucharon a alguien que vino, y los contempló viendo cuán delgados estaban, y se fue de nuevo y volvió con un gran alce y lo cocinó para ellos, y se fue y consiguió otro gran alce y un montón de madera para ellos y después se fue. Este Windigo estaba bien en el verano, vivía igual que otros, pero en el invierno mataba y se comía a los indios. Así que cuando el invierno llegó este Indio sabían que el Windigo volvería, así que tomó las entrañas de un gran alce, y cruzaron un lago y se metieron dentro del alce y dejaron que la nieve los cubriese. Este Indio que era un diablo (o Windigo) llegó y supo que estaban bajo la nieve. Tenía una estaca puntiaguda y con ella trató de sentirlos. Casi los había hallado cuando este Indio vio la estaca y la arrojó lejos de él. Entonces el WIndigo se rindió de tratar de matarlos. Y cuando el verano llegó este diablo vino y vivió con ellos y tenía muchas ganas de casarse con la hija, así que el Indio le permitió desposarla, y cuando vino el invierno y cuando ellos estaban durmiendo en la noche él mordió a la hija y ella gritó y ellos supieron que la iba a devorar, entonces ellos lo mataron mientras dormía.

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El caso del hermano Wéndigo
En el libro de David Thompson, “Narrativa de sus exploraciones en el este de América” (1784 – 1812), se encuentra el siguiente reporte:
En las orillas del lago Woods, veinte familias indias pescaban y cazaban. Una mañana un joven de unos 22 años, al levantarse dijo que sentía una fuerte inclinación por devorar a su hermana, como era un hombre sensato y un cazador promisorio, no se hizo caso de sus palabras; pero al día siguiente y varias veces más repitió lo mismo. Sus padres trataron de razonar con él sobre su horrible inclinación, él se quedó callado; su hermana y su esposo, alarmados, dejaron el lugar y se fueron a otro campamento. Él se enteró, y dijo que necesitaba carne humana para comer, y que la tendría, en otros aspectos su conducta era agradable y calmada. Su padre y sus allegados estaban muy afligidos, no atendía a ningún argumento ni contestaba sus preguntas. El campamento se alarmó, pues cualquiera podía convertirse en víctima. Su padre llamó los hombres a un Concejo, donde se discutió el estado del joven, y su decisión fue que un Espíritu Maligno había entrado en él, y estaba en completa posesión suya para hacerle un comedor de hombres (un Witigo). Él padre fue considerado en falta por no haber llamado en su asistencia a un Curandero, quien haciéndole sudar, y con sus canciones acompañadas del tambor y el sonajero habría alejado el espíritu maligno, antes de que fuera muy tarde. Se dictó sentencia de muerte sobre el joven, que debía ser ejecutada por su padre. Se llamó al acusado al centro del Concejo, allí hizo un fuego, entonces se le informó de la resolución tomada, a lo que respondió “deseo morir”; el desgraciado padre se levantó, y lo estranguló con un lazo, en medio de la pasividad del moribundo; dos horas después el cuerpo fue reducido a cenizas en una gran hoguera, sin dejar rastro de hueso. Así se prevenía que su alma y el espíritu maligno volvieran a este mundo, y se aparecieran en su tumba, cosa que según ellos, hacen los que son enterrados, para reclamar justamente sus huesos. Puede pensarse que el Concejo fue cruel al ordenar al padre ejecutar al joven, pudiendo haberlo hecho otra persona, pero esto se hizo para evitar la ley de la retaliación, pues si otro hubiera sido el verdugo, sus enemigos hallarían un pretexto en ello para vengarse de ese hombre.
Hay que señalar que en el año 1907 el curandero indio Jack Fiddler y su hermano Joseph fueron condenados a muerte por decretar eutanasias rituales de este tipo contra supuestos Wéndigos. Jack se suicidó, y su hermano murió poco antes de recibir el perdón de su pena.

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La polémica.
Hay una polémica sobre el tema, varios investigadores critican la existencia de una verdadera sicosis del Wéndigo, como algo propio de los indios algonquinos, señalan que el único caso comprobado de canibalismo es el mencionado de Swift Runner, y que otros eventos similares fueron producto del contexto de estress y privación, e igual ocurrirían en cualquier otra cultura. Por otro lado, como se mostró, muchos indios han muerto en manos de sus congéneres al ser sospechosos de transformarse en Wéndigos. En ese sentido, Marano revela la siguiente correspondencia entre un oficial de la Compañía de Hudson Bay, ubicado en Trout Lake, y su jefe en Manitoba:
-“He traído de vuelta un hombre, uno de mis indios de Trout Lake, que ha perdido la cabeza. El doctor tal vez pueda hacer algo por él. Para eso le envié a York Factory. Su esposa le acompaña para atender sus necesidades. Es por completo inofensivo, a veces entra en una especie de trance, entonces hay que sujetarlo, también, si no es vigilado de cerca, se escapa a través del bosque sin detenerse, corre muy rápido, por lo que he oído. Su enfermedad le sobrevino el pasado abril mientras cazaba, el no es un hombre devoto sino lo contrario, y tiene sus propias creencias las cuales, a mi entender, son las causantes de que se haya desquiciado. Espero que puedan hacer algo por él en York Factory.”
-“Su lunático está recuperado, y es un hombre muy útil, pero se niega a regresar a su puesto, pues teme que su vida sea sacrificada por causa de las supersticiones de sus compatriotas.” (B, página 8)
-“Me alegra escuchar que mi lunático está completamente recuperado y que le es útil, creo por completo en su temor a regresar a Trout Lake, sus compatriotas son supersticiosos, incluso demasiado, y sobre todo muy cobardemente.”
En resumen y para terminar, el Wéndigo es una fascinante criatura de la mitología algonquina, vinculada con un tema tabú y con los aspectos más crueles de la vida en un entorno de privación, pero es también un ejemplo de la necesidad del hombre para comprender su realidad, sobre todo cuando resulta chocante y desagradable, y justo porque el Wéndigo sirve de justificación a lo más terrible de su cultura, ha sido caracterizado de una manera verdaderamente horrible, y despierta los más primarios temores. Para los indios algonquinos hay dos conceptos diferenciados: por un lado el Wéndigo, la gran criatura sobrehumana, y por otro el hombre que se transformaba en una especie de hombre Wéndigo, el caníbal. El concepto de psicosis de Wéndigo como enfermedad propia de estos pueblos, por el contrario, es una falsa construcción occidental, lo que allí se manifiesta es el extremo a que es llevado cualquier hombre, cuando su capacidad de sobrevivir es llevada a los límites más extremos.

Referencias citadas:
1
Irving Teicher, Morton. Windigo psychosis. A study of a relationship between belief and behavior among the indians of northeastearn Canada. A thesis submitted in conformity with the requirements for the degree of Doctor of Philosophy in the University of Toronto. Universiy of Toronto. 1956.

2
Marano, Louis. Windigo psychosis: the anatomy of an emic-etic confusion. A dissertation presented to the graduate council of the University of Florida in partial fulfillment of the requirements for the degree of doctor of Philosophy. University of Florida. 1981
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