El Diablo

escuche este archivo en audio

José Fabio Esquivel

Tentador y pervertido, objeto de odio y causa de horror, personaje central de la historia, representa lo que es humano y a la vez lo que destruye al hombre, compañero nuestro en la tierra de la que es amo y señor. ¿Es acaso un ser incomprendido?, ¿puede acaso redimirse ante Dios, y con él a nosotros? A él se somete la bruja, mujer tosca de pueblo pero a su vez el Diablo es sometido por el hechicero sabio. ¿Es acaso víctima tanto como victimario? Difícil hallar tema más polémico, pero porque aceptamos los retos, aquí le tenemos. Ahora hablaremos del demonio.

Papini

Papini

Hoy traemos un tema que debe disfrutarse con el espíritu y la inteligencia. En 1953 uno de los más grandes hombres de letras italianos del siglo XX, Giovanni Papini escribe un verdadero libro maldito, que le tuvo al borde de la condena por la iglesia. Fruto de una profunda investigación de años, mientras vivía su última etapa en la reclusión de un monasterio, Papini da a luz “El Diablo”, un análisis como nunca se había hecho de este oscuro personaje, del cual analiza cada arista, cada rasgo y posible variación con una originalidad y un talento únicos. Hoy revisaremos estas ideas sorprendentes.

El Demonio es nuestro señor.

Afirma Papini con razón, que no es de cristianos despreciar al pecador, y más aún, a la criatura más desdichada de todas, al Diablo. Según la doctrina católica desde la caída de Adán, la humanidad le fue entregada al Demonio para que fuese su Amo y Señor. “Quien no crea firmemente que es un súbdito y un siervo del Demonio, no puede llamarse católico” (1, pag 25), cita el autor, y afirma que en cambio son rarísimos aquellos que se redimen siguiendo a Cristo. Por ello, el primer deber del cristiano debería ser recordar el amor de Dios, pero el segundo, debería ser conocer a su real dueño y carcelero, que sería el Diablo.

Pese a su obra polémica, la Iglesia no se arriesgó condenando a un autor emblemático de Italia. En fin, Papini afirma que no se ha hecho un adecuado estudio del Demonio, una correcta contraparte de la Teología, pues las Demonologías que existen, hablan de los adoradores y de los ritos del Maligno, pero no de su esencia y de su persona. Una Diabología, en cambio se centraría en conocer las causas, los afanes y la personalidad del mismo Lucifer. Y esto es lo que hace Papini. Sobre la existencia del Diablo, dice que es indudable, hay ateos que creen que el Diablo y Dios, existen solo en el interior del hombre, que son lo positivo y lo negativo de cada uno, meras proyecciones, pero en ese caso, cada individuo tendría un dios o un diablo diferentes, así que es una idea insostenible. Según el poeta español del siglo IV Prudencio Clemente, el Diablo dijo a sus demonios que él se había creado a sí mismo y no debía nada a Dios, esto seguramente para ganar influencia sobre ellos. Otros se engañan pensando que el hombre inventó al Demonio para justificar su propia maldad. Con respecto a La caída de Lucifer, esta se basa casi enteramente en el texto de Isaías 14, 12-15, allí dice “al cielo subiré, por encima de las estrellas de Dios elevaré mi trono (…) Por el contrario, al Seol has sido precipitado, al hondón de la fosa”. Ahora bien ese texto hace referencia a Nabucodonosor o a Baltasar, y no al Diablo, así que en realidad no habría fundamento bíblico para sostener la caída del Ángel. Sin embargo, para Papini Dios puede dar el sentido que quiera a sus textos, así que igual podría interpretarse allí tal caída.

DIABLO 1

 

La Trinidad diabólica.

El Diablo siempre está deseoso de imitar a Dios, así que tiene su propia Trinidad, al Padre contrapone el Rebelde que desea reemplazarlo; al Hijo, que invita a imitar a Dios, opone al Tentador, que invita a pecar e imitar al Maligno; y al Espíritu Santo que consuela, opone el Colaborador, que martiriza en la tierra y el infierno. ¿Pero qué causó la rebelión de Luzbel? Es hasta llegar al filósofo Orígenes en la Edad Media que se atribuye su pecado al orgullo, pero lo correcto, como dijeron los primeros Padres, es afirmar que la causa fue la envidia por el hombre, criatura inferior que fue sin embargo hecha a imagen de Dios, sin merecerlo en realidad. Yendo más allá, según una doctrina ya olvidada del siglo VI, del gran jesuita Suárez, la rebelión se debe al despecho de Satán por no haber sido elegido como Hijo de Dios, como Cristo, para venir a la tierra en representación amorosa del Padre. Según tal interpretación la venida de Cristo, entonces no fue causada por el pecado, que a su vez tuvo que originarse en la tierra por Satán, que debió entonces ser expulsado previamente del cielo, más bien, en esa tesis la Encarnación del Hijo se daría de cualquier manera, como un hecho inevitable manifestación del amor divino, y eso permitió al diablo aspirar a ser el Cristo.

DIABLO 4

 

La soberbia de los cristianos recuerda al Diablo.

Se ha dicho que el pecado del Diablo fue la soberbia, querer ser como Dios, pero en el salmo 82 se lee “ Yo dije: Por cierto sois dioses; todos sois del Altísimo hijos”, y en Juan X, 34-35 “¿No está escrito en vuestra ley que Yo dije: Sois dioses… Llamó dioses a aquellos a quienes vino la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar…”, y para colmo en Mateo, V, 48, dice “Sed, pues, vosotros perfectos, casi como vuestro Padre Celestial es perfecto”. Y es que en apariencia hay algo en el orgullo que muestran los cristianos, que raya y está a punto de tocarse con la soberbia de Satanás. Ahora bien, contemplemos su derrota. El arcángel Miguel y sus ángeles libran una gran batalla para arrojarle del cielo, no obstante, hubiera bastado una sola palabra de Dios para derrotar al rebelde, ¿para qué se desarrolló semejante lucha? Acaso, la verdad es que no estaba tan claro quién sería el vencedor, ¿y qué tal si hubiera ganado el diablo? Esta inocente pregunta se hace Papini.

Se sabe además que Belcebú fue arrojado al Abismo, pero en el Apocalipsis se lee que habita en la tierra, entonces, quizás fue arrojado a la tierra, y es aquí en la tierra donde se halla el Infierno. Ahora bien, su pecado fue la soberbia, debida a que fue creado el más perfecto de los ángeles, pero si Dios todo lo sabe, al hacerlo perfecto supo que pecaría, además lo creó poseyendo el libre albedrío, y por ello capaz de rebelarse. Dios creó la posibilidad del pecado, y la libertad para pecar, dice la Teología, entonces algo de culpa tiene por los actos de sus criaturas.

DIABLO 2

 

Arrepentimiento y redención de Lucifer.

Lo hizo en 1920, por otro lado fue un reconocido fascista y a ello se debe la reclusión en un monasterio durante la última etapa de su vida. Pero sigamos con su libro. Si Dios es amor, sufre un dolor infinito por la pena de sus criaturas que usaron la libertad para pecar, y la condena del Diablo, al que más amaba, le condenó a él mismo, a Dios, al mayor de los sufrimientos, pues, siendo incapaz de odiar, aún le ama. Ahora bien, la condena del Diablo consiste en su incapacidad para corresponder este afecto, por ello no puede redimirse, se requiere entonces otra criatura que encienda una chispa de amor en el corazón del Demonio, y esa criatura no puede ser sino el hombre. Debería para ello resistir la tentación del pecado y guiar con el ejemplo al Demonio de vuelta hacia Dios, pero en cambio lo que ha hecho es ceder al pecado y acompañar al Diablo en su caída. Esto causó aún más dolor en Dios. Pero el hombre pueda todavía sentir compasión hacia el Creador, y si lo hace, acaso algún día, una vez que se redima él mismo, pueda ayudar a Dios a redimirse, de la forma que explicamos, reconduciendo al demonio hacia él.

 

 

No solo el Diablo, también Dios nos tienta.

Se dice que el Diablo es el tentador, pero Dios, creador del hombre, al que sabía débil y al que dio libre albedrío, permitió que la serpiente le tentase, con resultados fatales y bien previsibles, ¿no es por tanto Dios mismo un tentador? Incluso la traducción correcta del Padrenuestro dice al final “no nos induzcas a tentar, mas líbranos del mal”, así que parece que tientan tanto Dios como el Diablo. Por otra parte las relaciones entre ambos son amigables, por ejemplo, al inicio del libro de Job, donde los ángeles se presentan ante Dios, el Demonio viene tranquilamente entre ellos, y de entrada Yahvéh, ignorando a los otros le pregunta “¿De dónde vienes?”, este responde que ha rodeado la tierra, y el Señor le pregunta “¿Por ventura has reparado en mi siervo Job?”, y el resto es bien conocido, Dios le permite tentar al hombre santo. Este permiso que le concede, así como esa familiaridad en el trato, muestran que Dios guarda amor e indulgencia al Ángel caído. Revelan también que este actúa como un agente de Dios, que inspecciona y vigila la conducta de los hombres, y le reporta sus hallazgos. También se demuestra, al dejarle martirizar a Job, que a veces Dios puede conceder poderes semejantes a los suyos al Diablo, que junto a Cristo, son los únicos que han recibido este regalo divino.

Se dice que el Maligno es embustero, pero él mismo ha sido engañado innumerables veces por los ángeles y hasta por mortales como Fausto, no otro fin tienen los grimorios. Recordemos, incluso, una teoría luego descartada de san Gregorio Magno, según la cual Dios no reveló al Diablo la identidad divina de Cristo, y dejó adrede que le matase, el pecado del diablo entonces fue tan grande que dejó de tener dominio pleno sobre los hombres, que le fueron arrebatados con semejante engaño.

DIABLO 3

 

Lucifer, amigo de Cristo.

Las relaciones entre Lucifer y Cristo tampoco son del todo malas, en los evangelios, el primero en reconocer la divinidad de Jesús, no son los apóstoles, sino el Maligno, que le llama “Hijo del Dios Altísimo”, cuando le pide no ser expulsado de un hombre invadido por una legión de demonios. En Lucas 22, 31-32, el Diablo pide permiso para cribar a los discípulos, como se criba el trigo para separarlo de la paja, es decir, distinguir a los que son realmente dignos, y Jesús, en vez de reprenderlo por esta propuesta, la toma en cuenta y, para prevenir, le pide a Dios que aumente la fe de Pedro. Cosas más sorprendentes dijo Lanctancio, según el cual Yahvéh creo un Espíritu semejante a sí mismo, llamado el Verbo, y luego otro igual de perfecto que tuvo celos del primero, y se volvió malvado. El Verbo es Cristo, y el otro, el que tuvo celos, sería Lucifer, que sería por tanto su hermano. Esta doctrina fue olvidada.

El diablo tienta a Jesús en el desierto por cuarenta días, este pudo expulsarlo de su presencia, pero necesitaba esa prueba como preámbulo para su misión. El Demonio así colabora con la preparación de Jesús. Este rechaza las groseras tentaciones que recibe, pues su naturaleza es espiritual y el Diablo quiere pruebas físicas, pues las hazañas que le propone son convertir piedras en pan, arrojarse de un techo y cosas por el estilo, al final Jesús le dice “no tentarás al Señor tu Dios”, esta es la primera revelación de su divinidad, y justo la hace ante el Maligno. Tampoco le trata con animadversión cuando más tarde rechaza otras tentaciones, se limita a citarle las escrituras, y le tolera a su lado durante los cuarenta días. El Diablo le tienta porque lo cierto es que duda de su divinidad, si hubiera cumplido los prodigios que le pedía le habría tomado apenas por un mago, pero al negarse, Jesús se reveló como realmente divino y espiritual. Otra revelación de Papini es que, según San Pablo (Corintios 2, 7-8), los demonios causaron el martirio de Jesús pues desconocían su misión divina, si es así, la frase de Cristo “perdónalos, porque no saben lo que hacen”, debería aplicarse a ellos también, a los demonios.

 

 

Inocencia de Judas Iscariote.

Según los evangelios el diablo entró en Judas la noche de la cena, y así encarnado se presenta a traicionarlo con un beso, Jesús al ver al demonio dice “Amigo, ¿a qué has venido?” (Mateo 16, 50). De igual modo, según el poeta Tirinnanzi, las palabras de Jesús a Judas durante la cena “Lo que debas hacer hazlo pronto”, se dirigen también al Demonio que ya posee al discípulo, pues la traición era necesaria, cuando, al besarlo en el Huerto de los Olivos, el Maligno siente los labios de Jesús, en su desesperación abandona el cuerpo de Judas, que horrorizado se cuelga. Y el poeta se imagina al Demonio, tocado en lo más íntimo de sus recuerdos y afectos por aquel beso, pidiendo y logrando su redención al pie de la cruz, ante Cristo ya moribundo.

DIABLO 5

 

Los Santos poseídos por el Diablo.

Y cuando en Judas 20, el Arcángel Miguel y el Diablo se disputan el cuerpo de Moisés, a ver quien se lo lleva, el Arcángel no le habla de mala manera, apenas le dice, “el Señor te castigue”, palabras muy suaves. Papini ve en Moisés, atributos comunes con Satán, como los cuernos, el asesinato de un egipcio, la magia que ejecuta ante el faraón materializando una serpiente, la zarza ardiente que no le quema, etc. Por esto quizás el Maligno se sentía con derecho a reclamar su cuerpo, quizás Dios hizo que Moisés usara artilugios comunes al Demonio en su misión. Con gran sutileza Papini cita a San Juan de la Cruz, según este la santidad nos envuelve con un velo que nos hace invisibles al diablo y sus ataques. Empero todos los santos han sufrido tentaciones y ataques malignos. Así, que, o el místico Doctor de la Iglesia se equivoca por completo, o ningún santo ha sido tan santo. En la catedral de Montfort-l”Amaury, una vidriera del siglo XVI presenta al Diablo tentando a Cristo, pero tal diablo aparece vestido de santo ermitaño. La obra, de inicios de la Reforma, acaso denuncia la penetración del Maligno entre los hombres de la Iglesia. El docto jesuita Jean Joseph Surin, nacido en 1600, era un gran exorcista, a quien se llamó para exorcizar a las famosas ursulinas de Loudun, caso emblemático, logrando liberar a algunas. Pero a cambio Satán se ensañó con él, y le poseyeron varios demonios, dice en una carta, “pocos de mis actos son libres; cuando quiero hablar me cortan la palabra; en la misa me interrumpo de golpe; en la mesa no puedo llevar el bocado a la boca; en la confesión olvido de pronto mis pecados; y siento que el Diablo va y viene en mi como en su casa (…) y, públicamente, por boca de su poseído, se jacta de ser mi amo, cosa que de ningún modo puedo contradecir” (1, pag 128). La posesión, que le hizo saltar una vez por la ventana rompiéndole una pierna, dura veinte años. El diablo, sin duda, disfruta enseñoreándose de aquellos que dedican su corazón y su vida a Dios.

 

 

Los grandes pecados de los Papas y Adán.

De dos de ellos se dice que estuvieron en relaciones con Satán, se culpó a Juan XII en el año 963 de asesinato, incesto y perjurio, así como de hacer brindis al diablo e invocar los dioses paganos de Grecia, considerados demonios. A Silvestre II, hombre docto y papa de 999 a 1003, se lo acusó de mago y de tratos con el Mal.

Adán, el primer pecador que arrastró al género humano a la ruina, fue premiado sin embargo, pues vivió más de 900 años, fue rescatado del infierno por Cristo cuando descendió allí, y fue considerado santo, en especial por la Iglesia griega. Esto es por completo incomprensible y ningún teólogo lo ha explicado, a no ser que obedecer al Demonio no sea tan grave, y que la misericordia divina sea tanta, que más que perdonar premia a quien cede al pecado. Y bueno, en cuanto a Eva, el asunto es todavía más oscuro. Por tentar a Eva, Dios reprende a la Serpiente y le dice que convertirá a la mujer en su mayor enemiga, lo que hace pensar que antes de eso, y por la escaza resistencia que puso Eva a la tentación, tenía la mujer cierta amistad con el Diablo. Ahora, incluso después de la maldición divina que los volvería enemigos, la iglesia seguía considerando que había un oscuro lazo entre la mujer y el Diablo, considerándola la mayor fuente de tentación, idea que, bien que mal, conservan hasta hoy los moralistas cristianos. Además, siempre ha habido más brujas que brujos, más quemadas que quemados, más endemoniadas que obsesos. La mujer es más apasionada en su entrega al Demonio, pero también en su entrega a Dios. Los hebreos decían que antes de Eva, Adán tuvo por esposa a Lilith, y juntos procrearon muchos hijos, pero ella le abandona y se casa con el Demonio Samael, llegando luego a sentir gran odio por la descendencia de Eva, la humanidad. Hasta el siglo XIX algunos teólogos acusaban a la mujer de poder actuar como súcubos para demonios encarnados que incitaban el hombre al sexo. Empero, ella, la mujer habrá de aplastar, como profetiza el Génesis, la cabeza de la Serpiente, cosa que aun no ha logrado.

diablo 6

 

Poder del Diablo hoy.

Las tres tentaciones de Cristo en el desierto anticipan las tentaciones que luego puso el Diablo al hombre, la tentación de volver las piedras en pan, inspiró los avances de la ciencia, los prodigios de la técnica y la manipulación de la materia. La de lanzarse a volar desde lo alto, inspiró la conquista de los cielos, y del espacio, añadiría yo. Y en la tentación de ser el Señor de todos los reinos, anticipa Papini el afán de las grandes potencias de eliminarse en una guerra para conquistar el mundo bajo una sola dictadura. La dicotomía para el hombre es clara, o elige el Reino espiritual del Cielo, o bien el de las conquistas de la materia, opción por la cual se inclina cada vez más, para colmo, existen actualmente nuevas tentaciones que no debió sufrir Jesucristo.

Papin afirma que Dios solo se encarnó en Cristo, pero el diablo lo hace en multitud de endemoniados, grandes figuras históricas, además, fueron consideradas personificación suya: Nerón, Atila, Teodorico, Iván el Terrible, Napoleón, Hitler. Para Lutero el papa era el diablo encarnado, y para los católicos lo era Lutero. Las posesiones están demostradas y hay personajes poderosos que obran como si el Demonio morara en ellos.

 
 

El fraude de los pactos con el Diablo.

Se pide el favor sexual de las mujeres, cierto, pero sobre todo, como en Fausto, se piden cosas más trascendentes como la vida eterna, poder, sabiduría etc. Sin embargo, un cura francés, Louis Gaufridi, fue quemado vivo en 1611 porque había hecho un pacto con el diablo para acostarse con toda mujer sobre la cual soplase, y parece que logró soplar sobre muchas mujeres incluso a una avanzada edad.

Sin embargo no necesitamos ningún pacto para estar del lado maligno, ya veremos que Papini no cree en ellos. El Reino de Dios no es de este mundo, y para contrarrestar ese Reino trascendental el diablo nos hace creer que puede tenerse un Paraíso en la tierra, y, deduce Papini, todos los utopistas, los que hablan de la paz y la armonía entre los hombres aquí en la tierra, están inspirados por Satán, que nos distrae así de pensar constantemente en el Más Allá. Como la esencia de Dios es la única verdadera, hablar de cualquier otra cosa, entonces, es hablar del diablo. Esto ocurre por ejemplo en nuestro discurso cotidiano que trata de negocios, de placeres, de dinero, de máquinas y armas, en resumen, dice Papini, el discurso humano es de goce y posesión, sojuzgamiento y aniquilación, y por tanto se trata de un discurso del mal que veladamente remite al Demonio, que, satisfecho, escucha en silencio.

DIABLO 5

 

El hombre, eterno pecador.

El hombre fue hecho a semejanza de Dios pero se parece cada vez más al Diablo, se siguen más sus mandamientos que son: “mata a Dios en ti, mata a cuantos hombres puedas, desahoga tu voluptuosidad todo lo que puedas, acumula todo el dinero que puedas” (1, pág. 164) Recordemos que Papini escribe esto en la posguerra. Hay que rebelarse pues, contra el diablo, pero lo que antes era útil para este fin, como eran la santidad o la oración, se ha vuelto algo escaso o trivial. Queda por último la posibilidad de que, si no podemos ser ángeles nosotros, que lo sea nuevamente Lucifer, de nuevo el tema de su redención, sobre el cual concluye Papini que no puede ser impuesta por Dios, y que lo mejor sería que nosotros, en vez de orar a Él para que nos libere del Mal, cosa que requiere de nuestra voluntad, claramente insuficiente, pidiésemos en cambio por la redención del Demonio, que llevaría implícita la propia nuestra.

 

 

Magos y brujas.

Por supuesto, pero ellos dicen muy poco del diablo, son meros parásitos y explotadores. El mago no es amigo del diablo sino que trata de dominarlo y hacerlo su esclavo mediante los conjuros de los Grimorios, tema aparte que quizás tratemos un día. Las brujas se sentían poseídas sexualmente por el maligno, y esto habla más de sus deseos reprimidos y de su histeria que del diablo. Por otro lado los pactos satánicos son una estupidez y Papini está convencido de que nunca han existido, pues no producen ganancia a ninguna de las partes, por un lado quien esté dispuesto a firmarlo, de por sí seguramente estará condenado, así que el diablo no necesita el pacto, y por otro lado ningún hombre se echará semejante lazo al cuello a no ser que esté loco.

 

 

El Diablo hoy y en el pasado.

Sin duda alguna en Francia, asegura Papini sin titubear, el raciocinio que busca la perfección personal e intelectual no puede dejar de aspirar a algún tipo de absoluto, y habiendo atacado la religión, los franceses no les queda sino imitar y seguir al Demonio.

Pero mirando hacia atrás en el tiempo hallamos divinidades del mundo antiguo asociadas a la oscuridad, otros tantos diablos. Por ejemplo el Set de los egipcios, que mata a su benévolo hermano Osiris, y es más viejo que Lucifer y que cualquier otro. El Arimán de los persas, que no es un renegado sino un dios creador por derecho propio, opuesto luego al dios benéfico, Ormuz. Entre los griegos, el titán Tifón, engendrado por Hera sin intervención de varón y por tanto sin amor, se opuso a Zeus, con quién perdió una larga y cruenta guerra. Iblis es el demonio musulmán, que rechazó la orden de Alá, de postrarse ante el hombre hecho de barro, siendo él mismo una criatura superior de fuego.

 

 

La apariencia del Diablo: bestia o ser de Luz.

Se lo describe como horrible por su pecado, después de haber sido bello. Pero Papini apunta a un hecho asombroso, hay otra figura de horrible aspecto en la Biblia, según el profeta Isaías, “No tiene apariencia ni belleza para que nos fijemos en él, ni aspecto para que en él nos complazcamos” (53, 2), “¡Cuántos se horrorizarán ante él, pues desfiguración sin parecido humano ofrece su aspecto” (52, 14), ¿y a quién se refiere el profeta?, ni más ni menos que al siervo de Yahveh, al Mesías, al Redentor. Esta similitud en cuanto a fealdad entre Cristo y el Demonio, es un misterio. Queda en claro, empero, que fealdad no es signo de maldad.

Pero los poetas, como Dante han pensado en la primera gloria y belleza del demonio, y hasta ilustres teólogos, como Ildefonzo Schuster, aseguran que no ha perdido la nobleza de su naturaleza, que es un ángel aún, un ser de luz, y por tanto conserva cierta belleza, un “arcángel en ruinas”, diría Milton. En Lucas 10, 18 Cristo dice que ve a Lucifer caer del cielo como un rayo, ahora, esto no se comprende pues tal caída se había producido ya hacía mucho, ¿acaso es que había vuelto a subir al cielo? Además, el rayo es un elemento de luz y por tanto divino. Es curioso como el fuego es un elemento común a Dios y al Diablo, la zarza ardiente, el fuego del Espíritu Santo son diferentes, empero, de las llamas del infierno. Pero ante todo el Maligno fue serpiente, el animal más astuto, ¿y por qué causa?, careciendo de piernas, alas o cualquier otro medio, debía concentrar su defensa en la cabeza, en sus colmillos y su cerebro.

 

 

El Diablo elegante.

En la iconografía mundial, hasta el siglo XIX se presentaba al diablo como una bestia horrible, deforme, cornudo y animalesco. Pero entonces se lo empieza a mostrar como una especie de caballero elegante y excéntrico, con alguna rareza pero no excesiva. Para von Chamisso era un señor en extremo delgado, para Dostoyevsky era un caballero pobre, para Thomas Mann es un hombrecillo vulgar que mientras habla se transforma en elegante aristócrata. La causa de esta variación en la figura de satán, es que el hombre lo siente cada vez más como representando su propia miseria y por ello uno más en el mundo, “una hipóstasis de ellos mismos, un sosías, un doble, un hermano carnal” (1, pág. 248) Es además un fino seductor, que puede tentar con suavidad y elegancia a hombres y mujeres. Normalmente se habla de él como si fuera un ser angustiado, pero para eso debería sentir nostalgia de su primera santidad, cosa que le llevaría, como ya vimos, a la redención, pero lo más probable es que carezca de esas dudas y sea más bien un ser alegre, pues en apariencia tiene gran éxito cosechando almas. Se pregunta Papini si el diablo puede perdonar y tener clemencia, pero esto supone la piedad, que nace del amor. Así que si es clemente es por mero capricho.

Papini

Papini

 

Utilidad del diablo.

Sí, al tentar permite que existan los santos y los virtuosos, pues no hay mérito hasta que se vencen tal tentación. Sirve como pretexto para fingirnos santos sin serlos, culpándole de nuestras faltas. En Israel se expulsaba cada año al desierto un Chivo Expiatorio, al que se transmitían mágicamente las culpas del pueblo, de allí viene la figura maligna del macho cabrío. El problema es que al atribuir al diablo todas nuestras culpas lo equipara a Cristo, que nos redimió de todas ellas. Se dice que el diablo es un invento humano, que ayudaría aislar el mal y colocarlo fuera de nosotros, pero si es así no ha funcionado. Por otra parte cuando pide a Cristo que convierta las piedras en pan, Papini se pregunta si no abogaba por la especie humana, para que pudiéramos de nuevo tener el pan sin ganarlo con el sudor de la frente.

 

 

El fin del Diablo.

Según San Pablo los demonios se presentan como ángeles, para engañar, pero Orígenes, como otros grandes teólogos antiguos y modernos, creen que habrá una reconciliación. Según Orígenes, todas las cosas salieron de Dios en la creación y empezaron a volver a él con la venida de Cristo, y esto incluye al diablo que volverá a Dios. San Gregorio de Nisa y san Jerónimo creían también en su redención. La versión de la Iglesia es que el castigo del infierno es eterno, pero lo eterno no tiene principio ni fin y el Infierno claramente tuvo un principio. Para terminar, una serie de poetas modernos, van den Vondel, Alfredo de Vigni, Giusseppe Montanelli, y Victor Hugo, han escrito sobre este perdón al maligno, lo cierto es que la idea no es aceptada oficialmente, pero los dogmas, lo hemos visto, han ido cambiando con los tiempos. Quienes estiman posible la redención del diablo, dice Papini “creen que un Dios realmente padre no puede torturar eternamente a sus hijos; consideran que un Dios todo amor, como Cristo mismo nos lo presentó, no puede negar su perdón eternamente, ni siquiera a sus más afamados rebeldes. Al fin de los tiempos, es decir, del mundo actual, la misericordia se sobrepondrá también a la justicia. Si así no fuese, deberíamos pensar que ni siquiera el mismo padre de Cristo es un perfecto cristiano.” (1, pág. 279) Hay que señalar, con Corrado Balducci, que si bien el infierno se considera eterno, en el Nuevo Testamento no se coloca allí a ningún hombre eternamente.

Con esto terminamos con la obra de Papini, ha sido una exposición ardua, a veces difícil, y algo pesada, pero atractiva para quienes poseen una mente activa e inquieta, que estoy seguro hay muchos entre nuestros oyentes, y un tema tremendamente significativo e importante para cualquier persona moderna y antigua, así que creo que valió la pena.

 

 

MANIFESTACIONES DEL DIABLO, LA INFESTACION

Las explicaciones que siguen son de los demonólogos de la Iglesia, y no se sostienen si no es por la fe, pero resultan cuando menos interesantes. Según Corrado Balducci, aparte de la tentación ordinaria, el diablo realiza actos extraordinarios que por orden creciente son: 1) La molestia local, en ella el diablo incide en la naturaleza con pequeños actos y alteraciones que de modo indirecto molestan al hombre, como en las casas y lugares infestados, donde ocurren hechos inexplicables. 2) La molestia personal, aquí el diablo molesta a la persona en su cuerpo con tentaciones e influencias fuertes pero que no llegan a la posesión ni anulan su voluntad. 3) Posesión, el demonio causa un disturbio tal en el cuerpo que anula la voluntad y la vuelve vehículo de fuerzas perversas. La primera, la infestación local es “ese fenómeno misterioso por el cual en un determinado lugar, habitado o deshabitado, se repiten en un período indeterminado de tiempo, extrañas manifestaciones como: sonidos, cuyo origen no se puede individuar, ni su naturaleza, ruidos de pasos, gritos, risas, movimientos espontáneos de objetos, olores, corrientes de aire frío sin que haya orígenes de corrientes de aire, y hasta visualizaciones de apariciones espectrales” (S. Conti, 2, pág. 174) Puede confundirse con el Poltergeist, dice Balducci, pero en tal caso, como ya lo habíamos descrito en otro programa, la actividad se centra en torno a una persona, mientras en la infestación los fenómenos se ligan al ambiente y el origen es diabólico. Yo creo que esto es discutible, pues en cada caso de supuesta infestación hay personas implicadas, y es una mera suposición atribuir el fenómeno al diablo y no a estas personas. Balducci relata el caso sucedido a un sacerdote, Mons. Osvaldo. Al asumir como párroco en Montecastello en 1944, empezó a escuchar “toques a la puerta de la habitación, golpes en las ventanas, como si lanzaran piedras, y otros ruidos (…)” (2, pág. 175). Estando en la cama le llamaban por su nombre, iba a revisar, y no encontraba a nadie. Tal como relata este hombre, una noche colocaba bombillos en el altar “cuando improvisadamente (era casi media noche) veo toda la iglesia iluminada como si fuera de día a pleno sol. Y esto duró varios segundos.” (2, pág. 176) Otro día, mientras revisaba documentos en una mesa, una silla a su lado se deslizó sobre el piso de ladrillos. El fenómeno acabó, al cumplirse el deseo del antiguo y difunto párroco de colgar en determinado lugar, un retrato suyo que se halló en un armario. En cuanto a los disturbios en el reino animal y vegetal, Conti describe, por raro que se oiga, una yegua que sufrió de infestación en 1975: “Por la mañana, varias veces, encontraban a la pobre bestia con la crin llena de nudos y trenzas enmarañadas, que nadie hubiera podido imaginarse poder hacer. Este hecho de crines de caballo entretejidas espontáneamente es típico de muchos casos de maleficio” (Conti, 2, pág. 177) Con respecto al segundo acto del demonio, la infestación personal, tal como señaló Papini, parece ensañarse en santos y beatos, asaltándolos con todo tipo de tentaciones y hasta golpes, apariciones, arañazos, etc. También se incluyen aquí las personas que sufren maleficios, donde todo tipo de inconvenientes causados por el diablo atacan a una persona a través de una intervención humana. Una interpretación psicológica o paranormal, sin implicación del demonio, es también posible aquí. Y para terminar, al último de los actos del demonio, el más extremo, la posesión, no nos referiremos ya por ser un tema amplio y complejo.

Referencias citadas

1

Papini, Giovanni. El Diablo. 1ª edición, 6ª impresión. Emecé Editores. Bs. Aires, Argentina. 1960

2

Balducci, Corrado. El Diablo “…existe y se puede reconocerlo”. 1ª ed. Ediciones Paulinas. Bogotá. 1990

Creative Commons License
El Diablo by José Fabio Esquivel Jiménez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

Anuncios